Quizás ya te hayas topado con este extraño utensilio metálico, con mango y punta en forma de pinza, en una venta de garaje o en el fondo de un viejo cajón. Un accesorio olvidado, con una apariencia de película de época. Pero ¿sabes para qué servía realmente? Tras su apariencia inocua se esconde un invento que marcó un antes y un después en el mundo de la belleza. Y no, ¡no es una herramienta de bricolaje!
El rizador de gas: el elegante antecesor del rizador moderno.
Antes de que la electricidad llegara a nuestros baños, las mujeres ya tenían sus trucos para lucir sus rizos impecables. En la década de 1880, un aparato un poco loco, pero especialmente ingenioso, revolucionó la peluquería: el rizador de gas.
¿Cómo funciona? Una base metálica conectada a una fuente de gas calentaba una plancha cilíndrica extraíble. Una vez caliente, los mechones se rizaban suavemente para crear los rizos ondulados tan de moda en la época victoriana. El resultado: un look elegante, como el de una heroína de novela.