3. No dormir lo suficiente
Dormir no es solo para descansar. Es vital para el equilibrio hormonal. La falta de sueño aumenta el cortisol, la hormona del estrés, lo que a su vez afecta la sensibilidad a la insulina. Estudios han descubierto que las personas que duermen menos de 6 horas de forma constante tienen un riesgo significativamente mayor de desarrollar diabetes tipo 2.
4. Inactividad antes de acostarse

Después de cenar, si tu rutina consiste simplemente en ir del sofá a la cama, ese comportamiento sedentario podría estar perjudicando tu salud. Un movimiento ligero, como una caminata de 10 minutos después de cenar, puede ayudar a controlar el azúcar en sangre y mejorar la respuesta a la insulina. ¿Acostarse inmediatamente después de comer? No tanto.
5. Beber alcohol a altas horas de la noche
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La luz azul del teléfono o la televisión no solo altera la melatonina, sino que también altera el ritmo circadiano, lo que afecta la forma en que el cuerpo procesa la glucosa. Dormir mal y la interrupción del ritmo circadiano están estrechamente relacionados con un mayor riesgo de diabetes. Intenta desconectarte entre 30 y 60 minutos antes de acostarte.
7. Altos niveles de estrés antes de dormir
Quizás no asocies el estrés con la diabetes, pero el estrés crónico, especialmente justo antes de acostarte, eleva los niveles de cortisol. Y cuando el cortisol se mantiene elevado, puede provocar que el cuerpo libere más glucosa en el torrente sanguíneo. Una mente estresada por la noche puede provocar problemas de insulina a largo plazo.