Los vasos sanguíneos no duelen, ni se sienten pesados ni tensos. Simplemente se desgastan silenciosamente. Y entonces, de repente, te sube la presión arterial, se te hinchan las piernas, se te acelera el corazón. Y no entiendes: ¿de dónde viene esto?
Y la razón suele estar en la comida que comemos. Más precisamente, en lo que le ponemos a diario.
Los vasos sanguíneos no solo envejecen con la edad. También envejecen debido a la dieta, que espesa la sangre, inflama las paredes arteriales y provoca la acumulación de colesterol. Y a menudo, alimentamos este proceso sin darnos cuenta.