Hay generaciones que nacen para vivir épocas tranquilas y otras que llegan cuando el mundo está cambiando de piel. Si tus hijos nacieron entre 1980 y 1999, crecieron justo en ese punto de quiebre: lo antiguo empezaba a perder fuerza y lo nuevo aún no terminaba de nacer.
Esa posición “entre dos mundos” no es solo una idea poética. Se nota en su forma de pensar, de sentir, de buscar sentido y de cuestionar lo que antes se aceptaba sin discusión. Y, para muchos padres, eso puede verse como rebeldía o confusión… cuando en realidad puede ser una sensibilidad más profunda de lo normal.
La generación del umbral: por qué sienten lo que otros no sienten
Nacer en un umbral significa vivir con un pie en cada era: antes y después de internet, antes y después del celular inteligente, antes y después de la sobreinformación. Por eso pueden entender la tradición, pero también detectar sus huecos. Pueden valorar la ciencia, pero no se sienten satisfechos solo con lo material.
Muchos de ellos perciben el mundo interno con más intensidad:
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Se hacen preguntas existenciales desde jóvenes.
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Son sensibles a la injusticia, al vacío, al sinsentido.
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Se inquietan con lo superficial y con lo “automático”.
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Tienen una necesidad real de coherencia, no de apariencias.
Esa sensibilidad puede ser una fortaleza enorme… pero también una carga si nadie les enseña a comprenderla.
El inconsciente colectivo y los símbolos que se repiten