Si tienes más de 50 años y todavía crees que tus hijos siempre estarán a tu lado cuando envejezcas, hay una verdad incómoda que conviene mirar de frente. No para vivir con miedo, sino para entender un patrón humano que se repite en muchas familias: a veces, el hijo que criaste con amor puede volverse distante, frío o incluso hostil.
Desde una mirada inspirada en la psicología analítica, esto no siempre ocurre por “maldad” o falta de valores. Puede ser un mecanismo defensivo. Una forma torpe de lidiar con culpa, con la necesidad de independencia o con heridas no nombradas. La buena noticia es que, si reconoces las señales a tiempo, todavía puedes influir en el rumbo de la relación.
A continuación verás una historia simbólica (ambientada en la vejez de Jung) y siete señales de alerta, junto con estrategias prácticas para recuperar equilibrio antes de que sea tarde.