Rallar y escurrir los calabacines
Lavá los calabacines, rallalos con un rallador grueso y colocalos en un colador. Sumales una pizca de sal y dejalos reposar 10 minutos para que larguen el agua. Luego exprimilos bien con un repasador limpio o con las manos hasta sacar todo el líquido posible.
Preparar la mezcla
En un bol grande, mezclá el calabacín escurrido con la cebolla, el ajo, el queso parmesano, el pan rallado, el huevo y el perejil. Condimentá con sal y pimienta. Integrá todo hasta que quede una mezcla pareja y un poco pegajosa. Si la notás muy húmeda, agregá un poco más de pan rallado.
Formar las albóndigas
Con las manos apenas húmedas, tomá porciones del tamaño de una cucharada y formá bolitas parejas. Colocalas en la bandeja, dejando un pequeño espacio entre cada una. Deberían salir entre 12 y 15.
Hornear
Pincelá la parte superior de las albóndigas con un poco de aceite de oliva. Cocinalas en el horno durante 20–25 minutos, dándolas vuelta a la mitad del tiempo, hasta que estén doradas por fuera y tiernas por dentro.
Consejos:
Escurrido del calabacín: Es clave sacarle toda el agua para que las albóndigas no se desarmen.
Tipo de pan rallado: Si usás panko, quedan más crocantes; el pan rallado común da una textura más compacta.
Variedades: Probá agregar zanahoria rallada o cambiar el queso parmesano por feta para un sabor más fuerte.
Acompañamientos: Van muy bien con salsa de tomate casera, una salsa de yogur con limón o hasta con un dip de queso crema.
Conservación: Podés guardarlas en la heladera hasta 3 días. Para recalentarlas y que vuelvan a estar crocantes, lleválas unos minutos al horno bajo.
Un plato práctico, liviano y lleno de sabor, ideal para disfrutar en familia o compartir en una picada saludable.