Muchos dijeron:
“Qué tierno.”
“Qué triste.”
“Está jugando.”
Pero la psicología mostró algo distinto.
El pediatra y psicoanalista Donald Winnicott explicó que esos objetos no son simples juguetes.
Son lo que llamó:
objetos transicionales.
Su función no es entretener.
Es ayudar al sistema emocional a sobrevivir a la ausencia.
Al inicio de la vida, un bebé no puede calmarse solo.
Necesita contacto:
• calor
• voz
• olor
• ritmo
Cuando esa presencia no está disponible todo el tiempo, el psiquismo busca un sustituto simbólico.
Ahí aparece el peluche.No como fantasía.
Como regulación emocional.
Ese objeto ayuda a:
• tolerar separaciones
• bajar la ansiedad
• conservar sensación de seguridad
• dormir sin entrar en pánico
• empezar a construir autonomía
No es debilidad.
No es dramatismo.
No es dependencia mal aprendida.
Es una forma temprana de autorregulación.
La idea incómoda es esta:
La independencia no nace de la ausencia.
Nace de haber tenido suficiente sostén emocional.
Cuando ese sostén falta,
el cuerpo busca cómo fabricarlo.
Y a veces lo hace
abrazando algo que represente presencia.
Porque nadie aprende a estar solo
si primero no se sintió acompañado.