Cuando pensamos en frutas tropicales, a muchos se nos viene a la mente el mango, la piña o la papaya. Sin embargo, hay una fruta que, aunque a veces pasa desapercibida, tiene un encanto único: el tamarindo. Su sabor agridulce es tan particular que resulta inconfundible, y su versatilidad lo ha llevado a formar parte tanto de remedios caseros como de deliciosas recetas tradicionales en distintos países.
Originario de África, el tamarindo se extendió con rapidez por Asia y América Latina, convirtiéndose en un fruto indispensable en la cocina y la medicina natural. Su cáscara seca y quebradiza protege una pulpa pegajosa y fibrosa que concentra todo su poder. A primera vista, quizá no parezca la fruta más atractiva, pero una vez que la pruebas, descubres por qué ha acompañado a tantas culturas durante siglos.