El ritual de la cocina en familia
La preparación de su receta no era un acto solitario. En casa se convertía en un ritual compartido. Mientras ella cocinaba, los nietos ayudábamos a lavar, pelar o revolver. Ese tiempo juntos fortalecía los lazos familiares.
Los aromas que salían de la cocina se expandían por cada rincón. El sonido de las ollas burbujeando era música que anticipaba un festín. Nadie podía resistirse a entrar a la cocina para probar un poco antes de que todo estuviera listo.
El secreto mejor guardado: la paciencia
Si algo distinguía la cocina de mi abuela era la paciencia. Nunca apresuraba un guiso ni intentaba acortar pasos. Sabía que los sabores necesitaban tiempo para mezclarse y madurar.