Una vez a salvo, improvisa un acogedor refugio, convencida de haber rescatado a un cachorro recién nacido. Consciente de sus limitaciones, decide rápidamente confiar el animal a un refugio especializado en rescate animal. Ahí es donde la historia da un giro inesperado.
Alrededor de la mesa, los especialistas observan a la pequeña criatura. Las miradas se cruzan, las hipótesis vuelan. Entonces llega el veredicto: no es un cachorro. Es un conejo doméstico, de apenas unos días.
Una coincidencia casi milagrosa
La sorpresa fue total. Y por si la historia no fuera suficientemente increíble, una pareja contactó con el refugio ese mismo día. Su perro, un golden retriever, había intentado recuperar un “objeto” encontrado durante un paseo matutino. Pensando que era un juguete, no le habían prestado atención.
Poco a poco, el rompecabezas va tomando forma. El conejito probablemente había sido separado de su nido, y dos actos de bondad —el de un perro curioso y el de una mujer atenta— le salvaron la vida.
Atención al paciente y progreso increíble
La conejita, llamada Willow, recibe cuidados especializados. El equipo recrea un ambiente cálido y reconfortante, esencial para su supervivencia a esta edad. Cada día cuenta; cada señal de progreso se convierte en una victoria.
Poco a poco, Willow recuperó sus fuerzas. Subió de peso, le apareció una fina pelusilla y finalmente abrió los ojos. En las redes sociales del refugio, su historia conmovió a miles de personas, conmovidas por su inesperado progreso.