Repunte de casos de sarampión ponen en México en riesgo, el país tiene dos meses para controlar el brote sino perderá estatus de “libre de la enfermedad”

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Esto significa que no se necesita contacto directo para enfermarse. Basta con compartir un lugar mal ventilado, un transporte público o una sala de espera. El sarampión no avisa y no discrimina, pero sí encuentra terreno fértil en comunidades donde la vacunación es incompleta.

Vacunas sí hay: el verdadero problema es otro

Contrario a lo que muchas personas creen, México no enfrenta una escasez de vacunas. De acuerdo con la Secretaría de Salud, el país cuenta con más de 23 millones de dosis disponibles, suficientes para cubrir la demanda durante los próximos dos años. Tan solo en 2025 se distribuyeron casi 14 millones de vacunas, y en lo que va de 2026 ya se han aplicado millones más.

El secretario de Salud, David Kershenobich, fue directo: más del 90 % de los casos confirmados corresponde a personas no vacunadas. Es decir, el brote no se debe a un fallo del sistema médico, sino a la caída en la cobertura de inmunización que se arrastra desde la pandemia.

Estados más afectados y por qué importa

Aunque el brote de sarampión en México se ha extendido a todo el país, Jalisco y Chiapas concentran los casos más relevantes, seguidos por Michoacán y Guerrero. En Jalisco, considerado el foco principal, las autoridades lograron aumentar la cobertura de vacunación de la primera dosis del 65 % al 85 %, pero aún están lejos del 95 % necesario para frenar la transmisión.

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Esta cifra no es arbitraria. La ciencia ha demostrado que solo con coberturas superiores al 95 % se logra la llamada inmunidad colectiva. Cuando ese umbral no se alcanza, el virus encuentra caminos para seguir circulando, afectando sobre todo a niñas y niños pequeños, personas con sistemas inmunológicos debilitados y comunidades con menor acceso a servicios de salud.

¿Qué está haciendo México para contener el brote?

Ante este escenario, las autoridades activaron una estrategia nacional intensiva. Se implementaron cercos epidemiológicos con vacunación en al menos 25 manzanas alrededor de cada caso detectado, se reforzó la vigilancia sanitaria y se amplió la edad de vacunación hasta los 49 años. De forma extraordinaria, también se aplicó una dosis “cero” a bebés de entre 6 y 11 meses en zonas con brotes activos.

La Organización Panamericana de la Salud otorgó a México una extensión de dos meses para controlar la transmisión y evaluar si el país mantiene su estatus de territorio libre de sarampión. Durante ese periodo, el mensaje ha sido consistente: vacunarse es la única manera real de cortar la cadena de contagios.

Una decisión individual con impacto colectivo

La presidenta Claudia Sheinbaum lo resumió de forma sencilla: no es necesario estar afiliado a ninguna institución para recibir la vacuna. Está disponible, es gratuita y es segura. En un mundo interconectado, donde los virus no respetan fronteras ni calendarios, protegerse también es proteger a los demás.

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El regreso del sarampión en México no es solo una noticia de salud pública; es un recordatorio de que los logros científicos pueden retroceder si se dejan de lado. La vacuna existe, la información está ahí y el riesgo es real. La pregunta que queda abierta es simple, pero poderosa: si hoy tenemos la herramienta para prevenirlo, ¿por qué permitir que vuelva a avanzar?

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