Aquí está la solución.¿Eres de esas personas con un coeficiente intelectual de 120? ¿Encontraste fácilmente los animales escondidos?
Si es así, ¡felicitaciones!
El cerebro procesa la información visual:
La percepción de las imágenes varía de una persona a otra, incluso cuando todos tienen la misma disposición visual. Por lo tanto, cada cerebro no interpreta de forma idéntica la señal neuronal que se genera al observar una imagen.
¿Cómo se procesa la información visual?
La percepción visual es sin duda importante en la vida cotidiana, ya que nos permite procesar y comprender el significado de lo que observamos a partir de la información que nos transmiten los ojos.
Algunos estudios psicológicos han demostrado que algunas personas perciben la información visual de manera diferente.
El psicólogo Richard Gregory cree que la percepción visual está vinculada al procesamiento conceptual, que ocurre cuando desarrollamos nuestras percepciones mediante la generalización.
Por lo tanto, interpretamos lo que vemos basándonos en nuestras expectativas, conocimientos y experiencias previas. Además, uno de los experimentos realizados por este psicólogo es el experimento de la máscara vacía.Usando el ejemplo de la rotación de la máscara, se muestra cómo la superficie en blanco de la máscara puede parecer convexa, dependiendo de nuestro deseo de visualizarla, ya que inconscientemente transformamos la cara en blanco en una cara normal.
Además, dos psicólogos, Thomas Sanocki y Noah Sulman, realizaron otro experimento sobre las relaciones entre los colores para evaluar su efecto en la memoria a corto plazo. Este experimento demostró que algunos colores se consideran armoniosos y agradables, mientras que otros se asocian con el caos y la intensidad.
Basándose en estos estudios, Sanoki y Sulman demostraron que recordamos mejor los patrones que contienen colores agradables y armoniosos, y también recordamos mejor las imágenes que contienen menos de dos colores.
Por otro lado, un experimento realizado por Kevin Larson y Rosalind Picard demostró que la tipografía puede influir en el estado de ánimo y en nuestra capacidad para resolver problemas. Por ejemplo, leer dos artículos, uno mal escrito y otro bien escrito, generó mayor interacción en el grupo que leyó el artículo con la tipografía correcta.