¿Tienes idea de lo útil que es este artículo? La mayoría de la gente no lo sabe.

Metamorfosis… ¡Manipular con cuidado!

Usar este aparato requería mucha ayuda y mucha atención. Primero, la plancha debía calentarse lo suficiente. Si se calentaba demasiado, el resultado era decepcionante: quemazón en el cabello, incluso leves quemaduras en el cuero cabelludo o los dedos. Basta decir que, como peluquero, no se improvisa de la noche a la mañana.

Pero en las hábiles manos de las mujeres de la época (o de sus sirvientas en los hogares burgueses), el rizador de gas hacía maravillas. Con solo presionarlo, unos minutos de paciencia, el cabello adquiría formas flexibles, a veces incluso formando complejas espirales.

Un artículo vintage que hace soñar a los coleccionistas.

Hoy en día, estos rizadores de gas ya no tienen cabida en nuestros baños, pero aún inspiran admiración. Auténticas piezas de colección, se exhiben con orgullo en los escaparates de los aficionados a lo vintage, en los museos de peluquería y en los puestos de los mercadillos temáticos.

Sus delicados diseños, a menudo adornados con exquisitos detalles, reflejan la refinada estética de la Belle Époque. Y su robustez habla por sí sola de la artesanía de la época. ¡Algunos modelos raros y bien conservados incluso pueden alcanzar precios atractivos en subastas!

Del gas a la electricidad: la revolución líquida

Con la llegada de la electricidad a principios del siglo XX, estos aparatos de gas quedaron gradualmente obsoletos. Las planchas eléctricas tomaron el relevo, ofreciendo un control de temperatura más preciso y, sobre todo, un funcionamiento mucho más seguro.

Hoy en día, nuestros armarios están repletos de las últimas planchas, rizadores y cepillos de pelo. Pero basta con mirar estas planchas antiguas para darles un toque de nostalgia… Es un guiño a todas las mujeres que, mucho antes que nosotras, sabían que cuidarse no es tarea fácil.

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