
Mark Sevillano Jr. había pasado unos años particularmente turbulentos : un divorcio difícil, una vuelta a la escuela exigente, la presión de una vida ajetreada con sus dos hijos. Pero a principios de 2024, todo parecía finalmente aclararse. Graduado, más sereno, decidió volver a centrarse en sí mismo: tres entrenamientos a la semana, una dieta más equilibrada… Los efectos fueron rápidos: se sintió más ligero, con más energía, más alineado.
Pero es precisamente en ese momento cuando un pequeño inconveniente viene a perturbar este mecanismo bien engrasado.
Un síntoma discreto pero persistente
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Todo empezó con una molestia apenas perceptible: tragar se estaba volviendo un poco incómodo. Nada preocupante al principio. Mark pensó que era un simple reflujo o una ligera irritación de garganta. Con un poco de agua, desapareció.
Pero dos meses después, el problema empeoró. Comer se convirtió en un verdadero desafío, incluso con los alimentos más blandos. La hora de comer, antes una fuente de renovado placer , se convirtió en una fuente de ansiedad. Así que Mark decidió buscar ayuda.
Una opinión médica que carece de advertencia

Cuando le describe sus síntomas a su médico, este no parece especialmente preocupado. Al fin y al cabo, Mark es joven, está en forma y no tiene antecedentes médicos particulares. Le promete una prueba de deglución… más tarde.
Pero la intuición de Mark le decía que algo andaba mal. Unos días después, las molestias se volvieron tan graves que acudió a urgencias. Y entonces cayó el hacha: le detectaron una masa. El diagnóstico fue claro: cáncer de esófago .