Hace investigaciones (5/10)
La joven empezó rápidamente a investigar en Internet para recopilar testimonios o encontrar información sobre una posible alergia al agua. No imaginaba ni por un segundo que algo así pudiera existir.
El nombre de su alergia es conocido (6/10)
Para salir de dudas, acudió a un dermatólogo que le realizó una prueba de alergia. El médico le diagnosticó entonces urticaria acuagénica. Una gran sorpresa para la joven brasileña, que nunca antes había tenido el menor problema con el agua.
Las lágrimas o la transpiración pueden desencadenar la alergia (7/10)
Flávia precisó que puede beber agua sin que eso le provoque enrojecimiento. Sin embargo, cuando su piel se moja, la historia es distinta. «Cuando lloro o sudo en el gimnasio, las zonas de mi cuerpo que están mojadas se ponen rojas y se llenan de pequeños granitos, además de ser muy irritantes y punzantes», confesó.
Los medicamentos antialérgicos no funcionan en su caso (8/10)
Aunque la joven probó varios medicamentos antialérgicos, ninguno tuvo un efecto positivo en ella. Flávia tuvo que cambiar algunos hábitos, algo que sigue haciendo hasta hoy. Una decisión que asume plenamente.
Un testimonio conmovedor (9/10)
«No voy a la piscina y rara vez a la playa, porque el contacto prolongado con el agua empeora los síntomas e incluso provoca heridas en la piel. También me ducho rápidamente, unos 10 minutos, y siempre me seco muy bien. La alergia empieza a mejorar y a desaparecer de mi piel después de unos 30 minutos», añadió.
Una enfermedad incurable (10/10)
Según los especialistas, la urticaria acuagénica es incurable. En el caso de Flávia, que afirma llevar una vida normal a pesar de algunas crisis, la alergia podría desaparecer dentro de unos años, de manera inesperada, igual que apareció de forma repentina cuando tenía 14 años.