Hay mañanas que comienzan de forma completamente normal. Uno abre la puerta de casa esperando encontrarse con el mismo paisaje de siempre: el jardín, los árboles moviéndose con el viento o simplemente la tranquilidad del vecindario despertando poco a poco.
Pero, de vez en cuando, algo inesperado aparece y convierte una rutina cotidiana en una experiencia imposible de olvidar.
Eso fue exactamente lo que le ocurrió a Martín.
Aquella mañana salió de su casa con una taza de café en la mano, dispuesto a disfrutar unos minutos de tranquilidad antes de comenzar sus actividades. Sin embargo, apenas abrió la puerta, algo llamó inmediatamente su atención.
En medio del porche había una extraña masa rojiza.
Desde la distancia, la forma parecía la de un animal acurrucado.
El descubrimiento inquietante