Las vacaciones suelen comenzar con la promesa de descanso, una habitación limpia y la posibilidad de desconectarse del mundo por unos días. Sin embargo, hay viajes que terminan dejando recuerdos muy distintos a los esperados. Lo que comenzó como una llegada tranquila a un hotel moderno se transformó en una experiencia desconcertante cuando una pareja descubrió un objeto inusual adherido a la pared de su habitación.
Una llegada aparentemente tranquila
El hotel elegido era de aquellos que inspiran confianza a primera vista: fachada moderna, ventanales amplios, un salón silencioso con aroma a cítricos y ropa de cama recién lavada. La clase de lugar que uno reserva justamente porque promete ser predecible, cómodo y sin sorpresas.
La pareja llegó al final de la tarde, cuando el sol empezaba a esconderse detrás de los edificios cercanos y la luz dorada se filtraba por los pasillos. Después de un día de viaje, lo único que querían era dejar el equipaje, quitarse los zapatos y disfrutar de un rato de calma. Al abrir la puerta, todo parecía estar en orden: paredes en tonos neutros, una cama impecablemente hecha y las cortinas apenas entreabiertas.
Sin embargo, esa apariencia de normalidad dura muy poco.
Un hallazgo inquietante junto a la puerta.